LIBRO XI
Acerca del hombre y los seres prodigiosos

l. Del hombre y sus partes

l. La naturaleza debe su nombre a ser ella la que hace nacer las cosas. Es, por lo tanto, lo que tiene capacidad de engendrar y dar vida. Hay quienes han afirmado que la naturaleza es Dios, por quien todo ha sido creado y existe.

2. Genus (linaje) es palabra derivada de gignere (engendrar), nombre que tiene su origen en la tierra, que todo lo engendra, ya que, en griego, «tierra» se dice gé.

3. Vida debe su denominación al «vigor», o tal vez al hecho de tener fuerza (vis) para nacer y crecer. De ahí decimos que los árboles tienen vida porque producen frutos y crecen.

4. Llamamos así al hombre (homo), porque está hecho del humus (barro), tal como se dice en el Génesis (2,7): Y creó Dios al hombre del barro de la tierra». No obstante, y de manera general, aplicamos la denominación de "hombre" a las dos sustancias que componen al hombre entero, es decir, a la unión del alma y del cuerpo. Pero, como decimos, en su sentido estricto, homo deriva de humus.

5. Por su parte, los griegos dieron al hombre la denominación de ánthropos, porque, teniendo su origen en la tierra, levanta su mirada a las alturas, hacia la contemplación de su artífice. Esto lo describe el poeta Ovidio cuando dice (Metam. 1,84): «En tanto que, inclinados, los animales todos contemplan la tierra, al hombre diole un rostro erguido y ordenóle mirar hacia los cielos y levantar sus ojos a los astros». Precisamente, erguido, mira hacia el cielo para buscar a Dios, y no camina con la mirada vuelta hacia la tierra, como los animales, a quienes la naturaleza creó inclinados hacia el suelo y dependientes de su estómago.

6. El hombre viene a ser un ser doble. Hay un hombre interior, que es el alma; y un hombre exterior, que es el cuerpo.

7. El nombre de alma (anima) es de origen pagano, y se la llamó así a causa del aire. En griego «aire» se dice ánemos; y es que los hombres parecemos tener vida por el aire que respiramos, lo cual es totalmente falso, ya que el alma es concebida mucho antes de que el ser humano pueda respirar el aire por su boca, pues en el vientre materno ya tiene vida.

8. Por lo tanto, el alma no es aire, como afirmaron algunos, incapaces de concebir que tuviera una naturaleza incorpórea.

9. Que el espíritu es lo mismo que el alma lo declara expresamente el evangelista cuando dice (Jn 10,18): «Tengo poder para exponer mi alma y para tomarla de nuevo». Refiriéndose también a esa misma alma del Señor, el evangelista, recordando el momento de la pasión, nos dice lo siguiente (Jn 19,30): «E inclinando la cabeza, entregó su espíritu».

10. ¿Y qué es entregar el espíritu, sino entregar el alma? No obstante, se la llama «alma» porque vive; en cambio, se dice «espíritu» debido a su naturaleza espiritual, o porque inspira en el cuerpo.

11. Cabe decir igualmente que ánimo (animus) y alma (anima) son una misma cosa. Pero el alma está referida a la vida, mientras el ánimo lo está a la inteligencia. De ahí que los Filósofos digan que la vida puede seguir existiendo aunque falte el «ánimo»; y que el «alma» subsiste aun careciendo de inteligencia. De ahí la palabra amentes (sin mente). Y es que la inteligencia tiene como función el saber; y el ánimo, el querer.

12. La mente (mens) se llama así porque sobresale (eminere) en el alma, o tal vez porque tiene memoria (meminisse). De ahí que a los desmemoriados se les califique de amentes. En consecuencia, llamamos «mente» no al alma, sino a lo que en el alma sobresale, como si se tratase de su cabeza o de su ojo. Por eso también se dice que el hombre, por su inteligencia, es imagen de Dios. Y todas estas propiedades están de tal manera fundidas con el alma, que son una sola cosa. Lo que ocurre es que el alma recibe diferentes nombres según los resultados que derivan de sus distintas funciones.

13. En efecto: la memoria es mente, y por ello a los desmemoriados los denominamos amentes; lo que da vida al cuerpo es el «alma»; cuando se ejerce la voluntad, hablamos de «ánimo»; se denomina «mente» cuando existe conocimiento; es «memoria» cuando se recuerda; hablamos de «razón» cuando juzga lo recto, cuando alienta, su nombre es «espíritu»; y es «sentido» cuando siente. Y es que el ánimo se denomina "sentido" en cuanto que «siente», y de ello toma su nombre la "sentencia".

14. Al cuerpo (corpus) se le denomina así porque, al corromperse, perece (corruptum perit). Es descomponible y mortal, y alguna vez debe disgregarse.

1 5. Por su parte, carne (caro) es palabra derivada de "creare". Al semen del macho se lo denomina crementum, pues a partir de él se conciben los cuerpos de los animales y de los hombres. Por esto mismo, a los padres se los llama «creadores».

16. La carne está integrada por los cuatro elementos: es tierra en cuanto a la carne; aire, en la respiración; líquido, en la sangre; y fuego, en el calor vital. Cada uno de estos elementos ocupa su parte propia, retornando a su esencia cuando la integridad corporal quede disuelta.

17. El significado de «carne» y el de «cuerpo» es diferente. La carne siempre es cuerpo, pero no siempre el cuerpo es carne. La carne tiene vida en cuanto vive el cuerpo. El cuerpo que no vive no es carne. Y, así se da el nombre de «cuerpo» a lo que está muerto después de la vida o a lo que ha nacido sin ella. Es normal ver cuerpos con vida, pero carentes de carne, como puede ser la hierba o los árboles.

18. Cinco son los sentidos del cuerpo: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. De ellos, dos se abren y se cierran, y otros dos están siempre abiertos.

19. Se denominan sentidos porque gracias a ellos el alma gobierna sutilísimamente al cuerpo entero con la energía del sentir. De ahí que se hable de presencia , porque se encuentran ante los sentidos (prae sensibus); del mismo modo que decimos prae oculis cuando algo se encuentra ante los ojos.

20. La vista es lo que los filósofos denominan «humor vítreo». Hay quienes afirman que la visión se produce merced a una luz etérea procedente del exterior, o por un luminoso espíritu interior que, desde el cerebro, recorre muy sutiles caminos y que, después de atravesar diferentes membranas, sale al exterior produciéndose entonces la visión al mezclarse con una materia de similar composición.

21. Y se la llama «vista» porque es vivacior, más importante y más veloz que los restantes sentidos, y tiene una función mucho más amplia, como le sucede a la memoria entre los restantes cometidos de la mente. Por otra parte, se encuentra muy próxima al cerebro, de donde emana todo; de ahí que empleemos el verbo «ver» para referirnos a hechos que pertenecen a otros sentidos; y así decimos «mira cómo suena»; o «mira qué sabor tiene», etc.

22. Al oído (auditus) se le llama así porque recoge ((h)aurire) las voces; es decir, al vibrar el aire capta los sonidos. Olfato (odoratus): es como si dijéramos «tocado por el olor del aire» (odoris adtactus),- y es que se percibe al tocar el aire. Se dice también olfactus, porque uno es afectado por los olores. El gusto recibe este nombre de guttur (garganta).

23. El tacto se llama así porque toca (pertractere) y tacta (tangere), y extiende por todo el cuerpo la actividad de este sentido, ya que por el tacto comprobamos lo que no podemos examinar con los demás sentidos. No obstante, dos son las clases de tacto: una que procede del exterior, como cuando nos hieren; y otra que tiene su origen en el interior mismo del cuerpo.

24. A cada sentido se le ha dotado de su propia naturaleza. Así lo que hay que ver se capta con los ojos; lo audible se percibe por los oídos; por el tacto apreciamos si una cosa es blanda o dura; gracias al gusto conocemos los sabores; y, en fin, por las narices adivinamos los olores.

25. La parte fundamental del cuerpo es la cabeza. Y se le ha dado el nombre de caput porque en ella tienen su origen (initium capiant) todos los sentidos y todos los nervios, y porque de ella procede todo principio de vida. En ella se encuentran todos los sentidos. Viene a ser como la personificación del alma misma, que vela por el cuerpo.

26. Vertex (vértice) es la parte en que confluyen los cabellos y en la que se divide (vertitur) la cabellera. De ahí te viene el nombre.

27. Calvaria (cráneo): se dice así porque presenta los huesos «calvos», por falta de cabello. Es palabra neutra. Obcipitium (occipucio) es la parte posterior de la cabeza, como si dijéramos, lo que está junto al capitium, o simplemente la parte de detrás de la cabeza.

28. Capilli (cabellos), así denominados, como si se dijera capitis pili; su misión es la de embellecer, así como la de proteger el cerebro del frío y defenderlo del sol. Se los llama también «pelos» (pilus), derivado de «piel» (pellis), de la que brotan; del mismo modo que se dice pilo (mortero) derivado de pila (almirez), en donde se machaca la tintura para teñir.

29. El nombre de caesaries (cabellera) viene de caedere, y se aplica únicamente a los hombres; pues conviene que el varón se corte el pelo; en cambio, no se ve decente que lo haga la mujer.

30. En su sentido estricto se denomina coma a la cabellera no cortada. Es una palabra griega, pues los griegos a la cabellera la denominan caimos, vocablo que deriva del verbo «cortar». «Cortar el pelo» ellos dicen keírein. De ahí también la denominación de cirrus (bucle) a lo que los griegos llaman mallós.

3l. Las crines pertenecen propiamente a las mujeres. Se les designa como «crines» porque aparecen separadas (discernere) por turbantes. Por eso se da el nombre de discriminalia a las cintas con que se dividen los cabellos.

32. Las sienes (tempora) son las partes que se encuentran a la derecha y a la izquierda del cráneo; y reciben este nombre porque se mueven, y por esa movilidad, como los tiempos, cambian en determinados períodos.

33. Llamamos al rostro facies por el aspecto que presenta (effigies): en él se muestra toda la figura del hombre y por él puede conocerse a cada persona.

34. Se lo denomina también vultus, porque a través de él se muestra la voluntad del hombre. Y según los deseos, así cambia también la expresión del rostro. No obstante, entre estos dos nombres existe una diferencia: facies designa simplemente el aspecto natural de cada persona; mientras que vultus indica el estado de ánimo en que se encuentra.

35. La frente (frons) es así denominada por las aberturas (foramen) de los ojos. En su expresión se reflejan, como en una imagen, los estados anímicos, la alegría o la tristeza.

36. Se denomina así a los ojos (oculus)porque los cubren (occulere) las membranas de los párpados con el fin de que no sufran alguna lesión, o porque poseen una luz oculta (occultum), ubicada en su interior. Entre todos los sentidos, el de la vista es el que más cercano está del alma; y así, en los ojos se refleja toda manifestación de nuestra mente: en los ojos se evidencia la turbación o la alegría del espíritu. Se los denomina también lumina, porque de ellos emana la luz (lumen), o quizá porque mantienen la luz encerrada en su interior; o tal vez porque, en la visión, reflejan la que han recibido del exterior.

37. La pupila es el punto central del ojo, en el que se concentra la capacidad de ver, y se les da el nombre de pupillae debido a que las imágenes nos parecen pequeñas. A los niños pequeños los denominamos pupilli. Hay muchos que la llaman pupula. Sin embargo, su nombre es pupilla, porque es pura y virginal, como son las niñas. Los médicos aseguran que las pupilas de los ojos, en los moribundos, dejan de existir tres días antes de su muerte; de ahí que, cuando pierden la vista en estas circunstancias, ya no tienen esperanza alguna.

38. El círculo que, con una discreta negrura, diferencia la pupila de las partes blancas del ojo, recibe el nombre de corona, porque con su redondez adorna el contorno de la pupila.

39. Los párpados (palpebrae) son las bolsas de los ojos; y su nombre deriva de palpitatio, porque están en continuo movimiento. Se mueven al mismo tiempo y con esa continua movilidad revivifican la visión. Están protegidos por una línea de pelos para no dejar entrar nada en los ojos cuando están abiertos y para que, vencidos por el sueño, descansen cerrados y defendidos por esa envoltura.

40. Situados en las extremidades de los párpados, donde uno y otro se juntan al cerrarse, esas pestañas, perfectamente alineadas, cumplen la función de proteger los ojos para que no reciban cuerpos extraños y dañosos, y para defenderlos del contacto del polvo o de cualquier otra materia más gruesa; e incluso para atenuar el embate del aire mismo, con lo que logran que la visión sea sutil y tranquila.

41. Hay quienes opinan que las lágrimas (lacrimae) derivan su nombre de laceratio mentis (herida del espíritu); otros, en cambio, relacionan su etimología con el griego dákrya.

42. Los párpados son las defensas que cubren los ojos; y se llaman cilia, porque ocultan (celare) los ojos y los cubren con una segura protección. Las cejas (supercilia) se denominan así porque están situadas por encima de las cilia; están cubiertas de pelos para servir de defensa a los ojos y apartar de ellos el sudor que fluye de la cabeza. El entrecejo es el espacio que media entre las cejas y que está desprovisto de pelo.

43. Las genae son las partes inferiores de los ojos, allí donde comienza la barba. En griego, «barba» se dice géneion. Y de ahí el nombre de genae, porque a partir de ese lugar comienzan a nacer (gigni) las barbas.

44. Las mejillas son las partes prominentes situadas bajo los ojos, y sirven de protección a los mismos. Y se denominan malae porque sobresalen bajo los ojos por su forma redonda, que los griegos llaman méla, o porque se encuentran por encima de los maxilares.

45. Maxilares (maxillae), es forma diminutiva de malae, del mismo modo que paxillus deriva de palus, y taxillus (dadito) de talus. Las mandíbulas son partes de los maxilares y de ellos toman el nombre. Los antiguos denominaron así a la barba porque es propia de los hombres (vir), no de las mujeres.

46. La oreja debe su nombre a captar ([h]aurire) las voces. De aquí que diga Virgilio (En. 4,359): «Escuchó la voz con estos oídos». 0 tal vez porque los griegos, a la voz, la denominan aydé, derivada de auditus; por alteración de una letra se dice aures, como si fuera audes. La voz repercutida en sus concavidades produce el sonido por el cual reciben el sentido de la audición. Pinnula es la parte más alta de la oreja, y recibe su nombre por su terminación en punta, ya que los antiguos a lo agudo lo decían pinnum, de donde bipennis (hacha de doble filo) y pinna (ala de ave).

47. Se denominan así las narices (nares) porque mediante ellas no deja de flotar (nare) el olor o el aroma; o porque mediante el olor hacen que conozcamos una cosa y sepamos qué es. Por eso, los zotes y rudos reciben el nombre de ignorantes (ignari). Nuestros antepasados empleaban el verbo olfecisse con el significado de "saber". Así Terencio (Adelph. 397): «¿Habría dejado yo de olerme con seis meses de antelación cualquier bribonada que éste tramase?»

48. La parte recta de la nariz, debido a que se extiende igualmente en su longitud y redondez, recibe el nombre de columna; su extremidad, pirula, porque tiene el aspecto de una pera; las partes que están a derecha y a izquierda se llaman pinnulae, por su semejanza con las alas; la parte central, interfinium.

49. A la boca se la llama os porque por ella, como por una puerta (ostium), introducimos los alimentos y arrojamos fuera los esputos; o quizá porque entra la comida y salen las palabras.

50. Los labios derivan su nombre de lambere (lamer): al superior lo denominamos labium, y al inferior, por ser más grueso, labrum. Otros llaman labra a los de los hombres, y labia a los de las mujeres.

51. Opina Varrón que lingua debe su nombre a que «liga» el alimento. Otros, en cambio, opinan que lo que liga son las palabras mediante sonidos articulados: así como el plectro actúa sobre las cuerdas, así la lengua golpea contra los dientes y produce el sonido vocálico.

3. Sobre los seres prodigiosos

l. Varrón dice que portentos son las cosas que parecen nacer en contra de la ley de la naturaleza. En realidad, no acontecen contra la naturaleza, puesto que suceden por voluntad divina, y voluntad del Creador es la naturaleza de todo lo creado. De ahí que incluso los gentiles denominen a Dios unas veces Naturaleza, otras simplemente Dios.

2. En consecuencia, el portento no se realiza en contra de la naturaleza conocida. Y se conocen con el nombre de portentos, ostentos, monstruos y prodigios, porque anuncian (portendere), manifiestan (ostendere), muestran (mostrare) y predicen (praedicare) algo futuro.

3. En efecto, explican que "portento" deriva de portendere, es decir, anunciar de antemano. Los "ostentos", porque parecen manifestar algo que va a ocurrir. Los «prodigios», porque «dicen previamente» (porro dicere), es decir, predican lo que va a suceder. Por su parte, monstra deriva su nombre de monitus porque se «muestran» para indicar algo, o porque «muestran» al punto qué significado tiene una cosa. Y éste es su significado propio, que se ha visto, no obstante, corrompido por el abuso que de esta palabra han hecho los escritores.

4. La aparición de determinados portentos parece querer señalar hechos que van a acontecer; pues en ocasiones Dios quiere indicarnos lo que va a suceder al través de determinados perjuicios de los que nacen, como sirviéndose de sueños y de oráculos advierte e indica a algunos pueblos u hombres las desgracias futuras. Y esto es cosa probada por múltiples experiencias.

5. Así a Jerjes le anunció una zorra, nacida de una yegua, que su reino iba a ser destruido. A Alejandro le pronosticó su repentina muerte un monstruo nacido de mujer: la parte superior del cuerpo era de hombre, pero sin vida; la parte inferior, una mezcla de diferentes bestias, y tenía vida; ello significaba que la parte peor sobreviviría a la mejor. No obstante, los monstruos que se envían como vaticinios no suelen vivir mucho tiempo, sino que mueren inmediatamente después de nacer.

6. Entre portento y portentoso hay una diferencia: «portento» es lo que experimenta una metamorfosis completa; por ejemplo, se dice que en Umbría una mujer parió una serpiente (Plinio, 7,3). Por lo que dice Lucano (1,563): «El propio hijo fue motivo de terror para su madre». En cambio, «portentoso» es lo que experimenta una ligera alteración; por ejemplo, el que nace con seis dedos.

7. Existen, por lo tanto, portentos y cosas portentosas; unos, a causa de la enormidad de todo su cuerpo, que sobrepasa la talla común de los hombres, como en el caso de Titón, cuyo cuerpo extendido, al decir de Homero, ocupaba nueve yugadas; otros, por la pequeñez general de su cuerpo, como los enanos, o los que los griegos llaman pigmeos, porque su estatura no sobrepasa la de un codo. Los hay portentosos por la magnitud de alguno de sus miembros, como los que tienen una cabeza deforme; o por tener miembros superfluos, como los que poseen dos cabezas o tres manos, o los cynodontes, que presentan doble fila de dientes.

8. Otros lo son por el defecto que presenta alguno de sus miembros que se diferencia sobre manera del otro, por ejemplo, una mano de la otra, un pie del otro. Hay seres portentosos porque les falta por completo algún miembro, como los que nacen sin mano o sin cabeza, y los que los griegos llaman esteresios. Se habla de praenumeria cuando nace sólo la cabeza, o una pierna.

9. Los hay que aparecen metamorfizados en parte, presentando, por ejemplo, rostro de león o de perro, o cabeza de toro, o incluso el cuerpo, como cuentan del Minotauro, engendrado por Pasifae. A esto los griegos lo denominan heteromorfía. Existen también portentos en los que una criatura aparece totalmente transfigurada en otra; es el caso que cuenta la historia de la mujer que dio a luz un ternero. Otros no presentan metamorfosis, sino simplemente una mutación de lugar ; por ejemplo, el tener los ojos en el pecho o en la frente, o las orejas encima de las sienes; o como el hombre de que cuenta Aristóteles que tenía el hígado en la parte izquierda y el bazo en la derecha.

10. Hay seres que son portentosos por connaturatio, como los que presentan en una mano muchos dedos perfectamente articulados, y pocos en la otra; y esto puede suceder también en los pies. Los hay portentosos en razón de su prematuro y excesivo desarrollo, como los que nacen con dientes, con barba o con el cabello canoso. Otros lo son a causa de la conjunción de múltiples diferencias, como el portento multiforme que hemos mencionado más arriba relacionado con Alejandro.

11. Los hay, en fin, que presentan mezcla de sexo, como los andróginos y los hermafroditas. Se denomina así a los hermafroditas porque en ellos se muestran uno y otro sexo. Entre los griegos, Hermes indica al macho, y Afrodita, a la hembra. Estos tienen el pecho de la parte derecha característico de hombre, y el de la izquierda como el de las mujeres, y pueden fecundar y parir.

12. Del mismo modo que en cada pueblo aparecen algunos hombres monstruosos, así también dentro del conjunto del género humano existen algunos pueblos de seres monstruosos, como los gigantes, los cynocéfalos, los cíclopes y otros más.

13. El nombre de gigantes presenta una etimología griega, pues los griegos los denominan gegeneís, es decir, terrígenas, porque se piensa fabulosamente que fue la tierra quien los engendró con su inmensa moIe y los hizo semejantes a ella. En griego gé es el nombre de la tierra; génos, por su parte, significa «linaje». En consecuencia, la gente suele llamar «hijos de la tierra» a aquellos cuya genealogía es incierta.

14. Algunos, inexpertos en las Sagradas Escrituras, opinan falsamente que los ángeles prevaricadores yacieron con las hijas de los hombres antes del diluvio, y de aquí nacieron los gigantes, hombres de enorme talla y fuerza que llenaron la tierra.

15. Los cynocéfalos deben su nombre a tener cabeza de perro; sus mismos ladridos ponen de manifiesto que se trata más de bestias que de hombres. Nacen en la India.

16. También la India engendra cíclopes. Y se les denomina «cíclopes» porque ostentan un ojo en medio de la frente. Se los designa también con el nombre de agriophagitai, porque sólo se alimentan con carne de fieras.

17. Se cree que en Libia nacen los blemmyas, que presentan un tronco sin cabeza y que tienen en el pecho la boca y los ojos. Hay otros que, privados de cerviz, tienen los ojos en los hombros.

18. Se ha escrito que en las lejanas tierras de Oriente hay razas cuyos rostros son monstruosos: unas no tienen nariz, presentando la superficie de la cara totalmente plana y, sin rasgos; otras ostentan el labio inferior tan prominente que, cuando duermen, se cubren con él todo el rostro para preservarse de los ardores del sol; otras tienen la boca tan pequeña, que solamente pueden ingerir la comida sirviéndose del estrecho agujero de una caña de avena. Dicen que hay algunas que no poseen lengua y utilizan para comunicarse únicamente señas o gestos.

19. Cuentan que en la Escitia viven los panotios, con orejas tan grandes que les cubren todo el cuerpo. En griego, pán significa «todo», y óta «orejas».

20. Según dicen, en Etiopía viven los artabatitas, que caminan, como los animales, inclinados hacia el suelo ; ninguno supera los cuarenta años.

21. Los sátiros son hombrecillos de nariz ganchuda, cuernos en la frente y patas semejantes a las de las cabras. De esta manera los vio San Antonio en la soledad desértica; y cuentan (Hieron., Vita Paul. Erem. 8) que uno de ellos, interrogado por el siervo de Dios, le contestó así: «No soy uno de esos mortales, habitantes del desierto, a quienes los paganos, burlados por sus muchos errores, rinden culto denominándonos faunos y sátiros».

22. Hay quienes hablan de unos hombres que viven en los bosques, y que algunos llaman faunos higueros.

23. Dicen que en Etiopía existe el pueblo de los esciopodas, dotados de extraordinarias piernas y de velocidad extrema. Los griegos los denominan skiópodai porque durante el verano, tumbados de espaldas sobre la tierra, se dan somnra con la enorme magnitud de sus pies.

24. En Libia habitan los antípodas, que tienen las plantas de los pies vueltas tras los talones y, en ellas ocho dedos.

25. Los hipopodas viven en la Escitia, poseen figura humana y patas de caballo.

26. Se cuenta que en la India existe un pueblo a quien llaman makróbioi, que miden doce pies. También en aquel país vive otro pueblo cuya estatura es la de un codo, y a quienes los griegos -por medir un codo precisamente- llaman "pigmeos". De ellos hemos hablado ya. Habitan en las montañas de la India que lindan con el océano.

27. Dicen igualmente que en la misma India existe una raza de mujeres que conciben a los cinco años, y cuya vida no pasa de los ocho.

28. Se habla también de otros fabulosos portentos humanos que no son tales, sino que se interpretan como ficciones inventadas a partir de un hecho real. Es el caso de Gerión, rey de España, de quien se decía que estaba dotado de tres cuerpos: lo que ocurrió es que eran tres hermanos tan bien avenidos, que eran como una única alma en tres cuerpos.

29. Lo mismo cabe decir de las Gorgonas, meretrices cuyos cabellos eran serpientes y que transformaban en piedra a quienes las miraban; estaban dotadas de un solo ojo, que era común a todas ellas. En realidad, se trataba de tres hermanas de una única extraordinaria hermosura, un único ojo, diríamos, que de tal manera dejaban admirados a quienes las contemplaban, que uno podía pensar que se quedaban «convertidos en piedra».

30. A las sirenas, que eran tres, se las imagina con un cuerpo mitad de doncella, mitad de pájaro, dotadas de alas y de uñas, una de ellas cantaba con su voz, otra con una flauta, y la tercera con la lira; con su canto atraían a los navegantes fascinados, que eran arrastrados al naufragio.

31. Pero lo cierto es que fueron unas meretrices que llevaban a la ruina a quienes pasaban, y éstos se veían después en la necesidad de simular que habían naufragado. Se dice que tenían alas y uñas, porque el amor vuela y, causa heridas; que vivían en las olas, precisamente porque las olas crearon a Venus.

32. Cuentan que Escila era una mujer ceñida con cabezas de perro, que lanzaba grandes ladridos en las cercanías del estrecho del mar Sículo. En ese lugar, en medio de los remolinos, los navegantes, aterrados por las olas que sobre ellos se precipitaban, creen que son esas olas las que ladran, cuando simplemente se trata del estruendo que provoca la vorágine al engullir la marejada.

33. Se imagina también la existencia de algunos monstruos de animales irracionales, como el Cérbero, perro de los infiernos, dotado de tres cabezas que significan las tres edades al través de las cuales la muerte devora al hombre: la infancia, la juventud y la vejez. Hay quienes opinan que se le llama Cérbero como si se dijera kreobóros, es decir, «devorador de carne».

34. Se habla asimismo de la Hidra, que en latín se dice excetra, que es una serpiente con nueve cabezas: cuando se le cortaba una, le brotaban otras tres. Sin embargo, existe la constancia de que Hidra fue un lugar de donde procedían las aguas que devastaban una ciudad cercana: canalizadas por una acequia, saltaban por otros muchos lugares. Viendo esto Hércules, desecó aquellos parajes, y así pudo cerrar el canal del agua.

35. Precisamente el nombre de «hidra» deriva del agua. De la hidra hace mención Ambrosio cuando, comparándola con las herejías, dice (De fid. 1,4): «La herejía, como la hidra de la fábula, se desarrolló con las heridas que le causaron; cuanto más se la cercena, más se multiplica: para que perezca debemos entregarla al fuego y a las llamas».

36. Imaginan también a la Quimera como una bestia triforme: rostro de león, extremidades de dragón y cuerpo de cabra. Algunos fisióIogos dicen que no se trata de un animal, sino de un monte de Cicilia, donde habitan leones y cabras, y en donde azota el calor y está lleno de serpientes. Belerofontes lo hizo habitable, y por ello se dice que mató a la Quimera.

37. El aspecto que ofrece el Centauro es indicado por su nombre mismo: es una mezcla de hombre y caballo. Según algunos, se trataba de los soldados de caballería de los tesalios, que eran tan veloces en la guerra que daban la impresión de que jinete y montura formaban un solo cuerpo, y de aquí surgió, según aseguran, la ficción de los centauros.

38. El nombre del Minotauro tiene su origen en el del toro y el hombre. Cuentan fabulosamente que esta bestia estuvo encerrada en el laberinto, De ella dice Ovidio (Art. am. 2,24): «Un hombre medio toro, un toro medio hombre». 39. Narran que el onocentauro debe su nombre a que su aspecto es mitad hombre y mitad asno; en el mismo sentido, los hipocentauros se cree que presentaban conjuntada en su ser la naturaleza de los caballos y de los hombres.